COLUMNISTA INVITADO| AMLO y los retos que enfrenta como presidente de México

OAKLAND ROSS*

 

Oakland Ross

Andrés Manuel López Obrador — mejor conocido como AMLO — es seguramente una fuerza de la naturaleza. Parece que nunca se rinde. Este hombre de cabello plateado, y de 65 años, acaba de estrenarse como el nuevo presidente de México, después de haber fallado en la búsqueda de esta distinción en dos ocasiones previas -en 2006, contra Felipe Calderón y hace seis años, contra Enrique Peña Nieto. Pero es claro que nunca perdió la fe en sí mismo.

 

 

 

Entonces, aquí estamos, en 2018, y el primer presidente mexicano auténticamente izquierdista en muchas décadas estuvo a punto de pasar por las puertas de Los Pinos, residencia oficial de los presidentes de ese país — pero él marcó una diferencia casi primordial. Acorde con un compromiso hecho por AMLO durante su campaña, Los Pinos ya no es la residencia oficial del presidente.

 

En forma semejante, el avión oficial del presidente ya no lo es; el convoy terrestre de utilitarios negros y lujosos ya no le pertenece a esa oficina; tampoco, la flotilla de helicópteros del presidente.

 

Inmediatamente después de tomar el poder, López Obrador empezó una campaña contra la corrupción que desde hace mucho tiempo ha representado uno de los factores fundamentales de la mala imagen doméstica e internacional de su país y una espina enorme en el costado del pueblo mexicano.

 

Y López Obrador lanzó esta campaña de forma muy personal, llegando a la Cámara de Diputados sentado en el asiento trasero de un Volkswagen Jetta blanco — un símbolo impactante de la austeridad y un rechazo fuerte al exceso y la codicia que han distinguido a la presidencia mexicana desde hace muchas décadas. Se dice que los presidentes mexicanos, a punto de cumplir sus sexenios de poder, aparecen casi de inmediato en la lista de la revista Forbes de los hombres mas ricos del mundo. Eso podría ser una exageración, pero es una exageración de una dolorosa realidad. Según AMLO, esta realidad ahora se ha acabado.

 

Seguro que la corrupción no es el único problema grave que enfrenta al nuevo presidente de México. Entre otros desafíos, hay que hacer hincapié en los siguientes: el caos migratorio -que afecta las fronteras sureñas y norteñas del país; el poder casi ilimitado de pandillas y carteles narcotraficantes; y la violencia criminal con niveles de homicidios que llegan casi al cielo o al infierno; sin mencionar las impredecibles dificultades diplomáticas y políticas derivadas de lidiar con un gobierno estadounidense bajo el régimen de un tal Donald Trump.

 

¿Problemas? Claro que México los tiene. Pero es el legado de corrupción — un fenómeno casi institucionalizado — el que quizás representa el desafío más obstinado y intratable de todos.

 

Esta campaña de AMLO no es nueva para un presidente mexicano, pues ya otros han lanzado un gran esfuerzo contra la corrupción. Es más, es casi la regla. El mismo Peña Nieto hizo algo semejante hace seis años, lanzando un ataque frontal contra Elba Esther Gordillo, conocida como La Maestra, la líder del sindicato de profesores más grande del país y uno de los más corruptos. Esta táctica tiene precedentes en México — el uso de un chivo expiatorio individual como el arma central contra la corrupción, en lugar de “una transformación profunda y radical,” como dijo AMLO.

 

Pasó lo mismo cuando Miguel de la Madrid Hurtado llegó al poder en 1982 y de inmediato buscó la encarcelación de Arturo Durazo Moreno, el exjefe de policía en la Ciudad de México y un notorio gánster. Hay muchos ejemplos de la misma maniobra, una que nunca ha brindado éxitos.

 

A ver si AMLO tiene otras ideas — y mejores tácticas.

 

*Periodista y escritor canadiense, múltiples veces ganador de premios. Vive en Toronto. Especial para Correo Canadiense.

 

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