COLUMNISTA INVITADA| Para Doug Ford la venganza es un plato que se sirve hirviendo

MONICA PERCIVALE*

 

Mónica Percivale.

Alguna vez habremos escuchado que la venganza es un plato que se sirve frio, dicho originado en la creencia de que el tiempo dará cuenta de aquellos que nos han hecho daño de alguna manera, es solo cuestión de tener paciencia.

 

 

 

Desde que asumió como la máxima autoridad de la Provincia de Ontario, Doug Ford no ha hecho otra cosa que dejar claro su estilo – o la falta de éste- para ejercer el poder que le fue confiado por la mayoría de votantes.

 

Apenas estrenado en su cargo, saboreamos la primera muestra de su menú, la total falta de respeto por la institución democrática del proceso electoral, ese al que no le interesó avasallar cuando interfirió en la elección municipal en Toronto.

 

Accionar tan grotesco que permitió pensar que era imposible que un político en tal alto cargo pudiera usar su poder así, simplemente para saldar deudas con sus antiguos compañeros de Concejo Municipal. Pero eso era precisamente lo que estaba haciendo.

 

La cancelación de la construcción de tres campus universitarioss, incluido uno en Brampton, alrededor del cual se creó un enorme plan de revitalización, fue simplemente para dañar las aspiraciones de Patrick Brown, de ser alcalde en dicha comunidad. Su resentimiento con el otrora líder del Partido Conservador de Ontario nos ha de costar a los contribuyentes la módica suma de $500.000, simplemente porque nuestro ilustre Premier ordenó a que se despidiera de la Vicepresidencia de Ontario Power Generation a Alykhan Velshi, antiguo jefe de equipo de Patrick Brown, y asesor clave de Stephen Harper.

 

El problema de estas acciones no es que el Premier decida castigar a aquellos que trabajaron para Brown. De ser así, la mayoría de su gabinete ministerial debería ser despedido, al igual que varios de los miembros de su equipo. Se trata de leer entrelineas para entender que el problema es que nadie está a salvo en este gobierno provincial, cualquiera puede terminar en la lista negra del Premier, ya sea por acción, omisión o por simple capricho.

 

En la misma semana de tal escandalosa conducta vengativa, Ford se encargó de aniquilar las posibilidades del Partido Liberal de recuperar el estatus oficial de Partido -pese a que representa a más de un millón de personas en la Provincia,. Elevando el número mínimo de miembros del Parlamento, Ford se asegura que los liberales no solo no puedan formular preguntas en las sesiones de la Legislatura, sino que tampoco accedan a los fondos que vienen con dicho estatus, hiriendo de gravedad sus posibilidades electorales de cara a 2022.

 

Esta estrategia de venganza puede ser más dañina para sus propios intereses que la de quedarse sin gente de la capacidad y valía de Velshi en sus filas.  Los conservadores siempre han escuchado – y con razón- que los favorece que el NDP y los Liberales se peleen por los mismos votos, dividiendo así a la oposición y permitiéndoles alzarse con la mayoría. La ironía es que debilitar a los liberales, fortalece al NDP.

 

Los votantes de Ontario eligieron a Ford pesar de su personalidad de elefante en un bazar, pero no por otra cosa que porque las otras opciones parecían menos atractivas. Se trataba de sacar a los desgastados liberales y de no confiarle las arcas al NDP, y fundamentalmente porque nadie en su sano juicio podría anticipar sus acciones. Las encuestas recientes así lo muestran.

 

Todo indica que nuestro Premier no tiene el arte de la paciencia para aguardar o generar el momento que le permita pasar las facturas que tiene a los que en la convicción de sus principios osaron actuar en su contra. La seguridad del poder le permite arremeter contra todo y todos, sin medir las consecuencias que dicha actitud acarrea, aunque signifique perjudicar a su propio partido. Alguien debería recordarle que cuando el plato está muy caliente nos quema.

 

*Periodista y trabajadora social uruguaya, residente en Toronto.