DE HONDURAS RUMBO A EE.UU.| La caravana migrante: marcha fragmentada por el cansancio

El cansancio empieza a hacer estragos en la caravana migrante, mucho más fragmentada este miércoles en su paso por México, donde muchas familias con hijos pequeños se rezagaron a la espera de un coche que los transporte gratuitamente.

 

“Estamos cansados. El niño ya va pidiendo ‘ride’ (transporte). El marido chineándolo (cargándolo) por ratos y yo también. Sentimos cansancio, mucho mareo y casi desmayos”, dijo a Efe Jacqueline, una hondureña que viaja con su esposo y sus cuatros hijos.
Lucha, como la inmensa mayoría, por conseguir trabajo para “dar una mejor vida” a sus retoños. Salió del país con unos 900 pesos (unos 48 dólares).

 

Esta caravana formada por unos 7.000 migrantes centroamericanos, en su mayoría hondureños, partió este miércoles de Huixtla rumbo a Mapastepec, un trayecto de unos 70 kilómetros -lo mismo que recorrieron entre domingo y lunes pasado. Este martes descansaron y hoy asumían el trayecto con la ilusión de llegar a Estados Unidos intacta, pero el cuerpo más magullado.

 

Lo lograron, pero la caravana ya no era ese río compacto de gente a su entrada a México por Guatemala. Por el contrario, avanzaron en distintos convoyes.

 

Muchos de ellos, ya cansados porque partieron de San Pedro Sula (Honduras) el 13 de octubre, avanzaban despacio o esperaban, cobijados en la sombra de algún árbol, alguien que les transportara, o pedía monedas para pagar el pasaje de algún autobús local.

 

Entre los últimos de la fila muchas familias con niños. Jennifer, con 24 años, arrastraba un cochecito con un su bebé de cinco meses.
A sus lados llevaba dos niños, de tres y cinco años.

 

La viva imagen de esta caravana conformada en gran medida por menores y mujeres, solas o acompañadas.

 

De acuerdo con cifras del refugio para migrantes de Suchiate, fronterizo con Guatemala, de los 7.125 migrantes que entraron al país en el contingente hay 1.500 mujeres, 1.500 niñas y 900 niños.

 

El asfalto ardía. El termómetro marcaba 33 grados centígrados y un 60 % de humedad. Ante la dureza, la solidaridad tampoco cesó.
Entre sus compañeros de periplo se movía Juan Orlando, un hondureño de 42 años, con la muñeca vendada y un garrafón de 20 litros de agua en la espalda.

 

“Nos ayudamos unos con otros. Miren, yo llevo este tambo de agua y les voy dando porque todos somos hermanos”, señaló.

 

Como en días pasados, muchos civiles y asociaciones religiosas mexicanas apoyaron con víveres, ropa y medicamentos. Hoy por ejemplo, un grupo de jóvenes de este tropical e indígena estado daba plátanos a los migrantes.

Este miércoles, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha arremetido de nuevo contra la caravana al afirmar que permitir su entrada al país lo convertiría en un “caos total”, y comparándolo con el fenómeno migratorio en Europa.

 

A lo largo de este trayecto de unos 70 kilómetros, la solidaridad de México continúa, y a la del pueblo se le han sumado organismos públicos.

 

“Nos dejaron pasar tranquilamente. Vamos muy felices, sin miedo que nos agarren”, explicó a Efe Fanny, una mujer hondureña de 35 años.

 

Aunque pueden cambiar de planes, la próxima parada sería Pijijiapan (Chiapas), y en próximos días podrían llegar a Arriaga, donde evaluarían si suben al tren conocido como La Bestia o continúan a pie. EFE