COLUMNISTA INVITADO| Intervención militar en Venezuela no sería un triunfo

Oakland Ross.

OAKLAND ROSS*

 

Es muy difícil imaginar que Estados Unidos decida lanzar una intervención militar para derrocar el gobierno autoritario de Nicolás Maduro en Venezuela. O, mejor dicho, era muy difícil imaginar tal acontecimiento. Ahora, en la época de Donald J. Trump como presidente estadunidense, parece que no hay nada inimaginable, así que hay que enfrentar esta posibilidad castrense, especialmente cuando se toma en cuenta que Trump mismo está hablando abiertamente de este fantasma, ahora transformado en uno de carne y hueso.

 

 

“Todas las opciones están sobre la mesa,” dijo el mandatario americano en Nueva York a fines de septiembre. “Todas ellas — las fuertes y las menos fuertes. Todas las opciones, y ya saben lo que quiero decir con ‘fuertes.’” También dijo Trump que una acción militar contra el gobierno actual venezolano no implicaría grandes dificultades prácticas. “Es un régimen que, francamente, podría caerse muy rápido por medio de los militares, si los militares deciden hacerlo,” dijo él, según la revista Vanity Fair.

 

Trump estuvo en Nueva York en la cumbre anual de Naciones Unidas, al mismo tiempo que  Maduro se encontraba en esa ciudad estadounidense. Ambos líderes se declararon dispuestos a tener una reunión, pero no resultó.

 

En cambio, Trump impuso nuevas sanciones en contra de algunos altos miembros del régimen venezolano, incluyendo Cilia Maduro — esposa del presidente — además de los ministros de comunicaciones y defensa.

Pero el hecho que más llama la atención de los espectadores son las palabras beligerantes de Trump sobre la posibilidad de un ataque militar. No es la primera vez que el presidente estadounidense ha pensado en voz alta sobre tal posibilidad. Según varios medios de noticias estadunidenses, Trump presionó a su entonces canciller, Rex Tillerson, y a su entonces consejero de seguridad nacional, H. R. McMaster, para saber los supuestos méritos de una invasión. Eso pasó en agosto, 2017.

 

Aparentemente, ambos hombres estuvieron sorprendidos por las palabras de su jefe. De todas maneras, ahora ya no están.

 

Más recientemente, la agencia de noticias Associated Press ha citado a un “alto miembro” del gobierno estadounidense que dijo que Trump ha hablado con varios líderes latinoamericanos acerca de su idea de llevar armas en contra del régimen de Maduro.

Bueno, como sabe casi todo el mundo, el régimen de Maduro ha sido y sigue siendo una catástrofe para Venezuela, país que estuvo alguna vez como uno de los países más ricos de la región. Ahora, está en ruinas. La taza anual de inflación ha llegado a un punto astronómico. Hay escasez crónica para solventar las necesidades más básicas del consumo público, incluyendo comida y medicinas. Cada vez más autoritario, el gobierno de Maduro hostiga y encarcela a sus adversarios. En los últimos años, según Naciones Unidas, más de 2.3 millones de venezolanos han huido del país, causando una crisis internacional, sobre todo en la frontera entre Venezuela y Colombia.

 

Sí, Venezuela es un desastre. ¿Pero justifica eso una intervención militar? ¿Dirigida por los EEUU? La respuesta está escrita claramente en la historia de América Latina, una que esta escrita por aventuras imperialistas estadunidenses. Los yanquis han hecho visitas bélicas a países latinoamericanos como México, Panamá, Cuba, República Dominicana, Guatemala, y Panamá (otra vez), entre otros, causando heridas aún abiertas hoy en día. Si hay una manera de unir los gobiernos de la región en contra de Washington, una intervención militar contra Venezuela sería un buen punto para empezar. Pero dígaselo a Donald Trump.

 

Ahora, el presidente estadounidense enfrenta unas difíciles elecciones de mitad de período en noviembre. Según varios expertos, es muy posible que busque un “triunfo” internacional para mejorar la fortuna de los republicanos. Opinan que una acción contra Venezuela podría ser la respuesta.

 

Excepto por una cosa — eso no sería para nada un “triunfo”.

 

*Periodista y escritor canadiense, múltiples veces galardonado. Analista en temas de geopolítica latinoamericana. Especial para Correo Canadiense

 

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