COLUMNISTA INVITADO| Donald Trump, ¿estúpido?… ¡No!

OAKLAND ROSS*

 

Oakland Ross.

Dicen del presidente estadunidense Donald H. Trump que es narcisista, que tiene la paciencia de una mosca, que es infantil, que no conoce los más mínimos detalles de gobernación, y, sobre todo, que es un estúpido. Estoy de acuerdo con estas descripciones — salvo la última.

 

 

¿Un estúpido?

 

No lo es. Pienso que creer eso sobre Trump es quizás el error más grande de sus adversarios. Día tras día, crisis tras crisis, tormenta tras tormenta, dicen de él que va a caerse cada vez por seguro — pero eso nunca pasa o, por lo menos, no ha pasado todavía. Todo lo contrario. Ha pasado bastante tiempo desde cuando Trump mismo mencionó que él pudiera disparar una pistola en la famosa Quinta Avenida de Nueva York y matar a alguien sin sufrir ningún daño político. Eso es quizás una exageración, pero no por mucho, algo que él entiende mejor que nadie. Sus adversarios protestan que está rompiendo todas las normas de la política contemporánea, pero él contesta, por medio de sus acciones, que las normas de la política contemporánea no tienen nada que ver con él.

 

¿Estúpido Trump?

 

Contra lo que casi todos esperaban, ganó la nominación del Partido Republicano en la búsqueda a la presidencia, y luego y contra los pronósticos llegó a ser el comandante-en-jefe del país mas poderoso del mundo. ¿En que sentido se podría decir que es estúpido?

 

Claro que no es un artista. No es académico. No es intelectual. Pero el hecho de no ser artista, académico o intelectual no define la estupidez. Hay más formas de expresar inteligencia que esas. Lo que tiene Donald Trump — y lo mantiene con gran poder — es algo que se puede identificar como una astucia primitiva. Él reconoce rápidamente las debilidades de sus enemigos y las aprovecha. También entiende muy bien que a mucha gente le gusta mucho la demostración de poder. Eso es algo que se ha visto con frecuencia en América Latina, países que en muchas oportunidades han sido gobernado por los famosos “caudillos” de esa región, los hombres fuertes que llegan a poder montado en caballos blancos, personalidades como Antonio López de Santa Anna en México, Juan Perón en Argentina, o Augusto Pinochet en Chile.

 

Hablando de Pinochet, vale la pena anotar que a él también sus adversarios— y varios de sus partidarios — lo consideraban como un estúpido, un mero soldado sin preparación sofisticada en los artes de gobernar. Un bufón, en la opinión de muchos. Recuerdo que se publicó incluso un libro de los “mejores” dichos del Pinochet, todos estúpidos. Me acuerdo uno en particular. Aparentemente dijo alguna vez que cuando se acostaba, “Paso tiempo, antes de dormir, leyendo las grandes obras de la literatura mundial. Leo durante 15 minutos … ”

 

¡Ja, ja! Seguramente un estúpido.

 

¿Pero qué pasó? El dictador Pinochet gobernó a Chile durante un período de 17 años, a pesar de las frecuentes protestas de las fuerzas de la democracia. Gobernaba con mano dura, con sangre, con el hostigamiento constante de sus adversarios, con crueldad, pero gobernaba. Entendía muy bien lo que necesitaba hacer para mantener el poder — y lo hacía. Mientras tanto, muchos de sus adversarios le subestimaban a casi cada paso, casi exactamente como hacen los adversarios de Trump en la actualidad.

 

Bueno, no quiero exagerar en las semejanzas entre Donald Trump y Augusto Pinochet. Uno era militar por profesión. El otro evitó el servicio en Vietnam. Uno era dictador. El otro es demócrata — al menos por el momento. Pero ni uno ni el otro es o era “estúpido.”

 

No, para nada.

 

*Periodista y escritor canadiense, múltiples veces galardonado. Especial para Correo Canadiense.