CORREO EN EL CONCIERTO |
Shakira anegó a Toronto
con su música, voz y poesía

Haciendo una versión acústica de Antología.

La colombiana tomó la guitarra para acompañarse en cuatro de sus canciones.

FREDDY VELEZ – con notas de LAURA VELEZ

Fotos: Cortesía de Live Nation

Afuera, en las calles de Toronto, un diluvio. Dentro del Scotiabank Centre, Shakira inundaba los corazones de decenas de miles de sus seguidores con su electrizante música, su dulce y particular voz y esa sutil poesía de sus letras.

El martes, ese auditorio de todos los orígenes esperó paciente casi dos horas para verla a ella salir al escenario con esa cara de niña buena y esos atuendos ceñidos y casi siempre negros de rockera.

Arrancó con Pies Descalzos, uno de los temas de sus inicios en el 94… y luego anduvo acompañada por sus cuatro músicos, entre lo reciente -Clandestino, Chantaje, en los que su línea va por el género urbano- y lo clásico, esas baladas y hasta esos temas discotequeros que la volvieron una marca mundial. Y su voz, igual o mejor que antes de la operación aquella.

La gira El Dorado muestra una Shakira que ha madurado -ya tiene 41 años-, también a una mujer que allá arriba se pasea feliz y correlona como chiquilla en los juegos del parque.

Los ‘ooh’ de ternura, los gritos de histeria, los aplausos en ovación, los coros espontáneos de la multitud demuestran que ella sabe llegarle a los suyos. Y los suyos son desde adolescentes, incluso niños, hasta lo que van con ella desde su generación de los 90.

Difícil decir cuál tema impactó más. Antología lo hizo en versión acústica, con cajones y guitarras; Las Caderas no Mienten, un poco a capella y en inglés y español; ofreció una versión recortada de La Bicicleta, tocó la guitarra unas tres veces, y la mostró a la cámara con la imagen estampada de su familia cuando hizo Me Enamoré. No habló mucho pero cuando lo hizo fue fiel al significado de su nombre árabe: agradecimiento. La gente igual le dio a cambio su cariño hecho palmas y cantó con ella hasta el final. Qué mejor forma de reconocerle a esta colombiana por su carisma, su talento y su sentimiento. Lluvia afuera, en Toronto, y adentro del Scotiabank Centre otra forma de diluvio, con papel picado y lleno de emoción.