COLUMNISTA INVITADO | La “prueba cafetal” de la hiperinflación en Venezuela

Oakland Ross

OAKLAND ROSS*

 

Hay un sinfín de maneras para representar el sufrimiento del pueblo venezolano en las horribles circunstancias actuales, pero una sería la que llamaría la ‘prueba cafetal’. Es decir, ¿cuánto cuesta una taza de café en Caracas?

 

 

En la segunda semana de agosto de este año, una taza de café costaba apenas 2 millones de bolívares en la capital venezolana, -equivalente en el mercado negro a 11 dólares americanos.

Pero, hace unos días el gobierno de Nicolás Maduro decidió, en primer lugar, quitarle tres ceros a la moneda nacional, y, en segundo lugar, quitarle otros dos ceros. Estas determinaciones entraron en efecto este  lunes 20 de agosto, así que por ahora se puede decir con cierta confianza que una taza de café en Caracas cuesta solamente 20 “nuevos” bolívares — conocido como “bolívares soberanos”—  con un valor en dólares americanos difícil de estimar.

Hay que hacer hincapié en la palabra “ahora.” Sí, se sabe el precio de una taza de café hoy. ¿Pero, mañana…?

Maduro también ha anunciado el incremento en un 300 por ciento del salario mínimo (el vigésimo cuarto aumento del salario mínimo desde 2103), y un alza también en el precio de la gasolina (medida muy arriesgada pero quizás inevitable).

Para cumplir con una u otra de estas decisiones, es casi obligatorio que el gobierno tenga que imprimir más plata, una adicción monetaria propia factor fundamental en las agonías económicas que han torturado al pueblo venezolano en los últimos años.

 

La tasa anual de inflación en Venezuela llegó a 32,714 por ciento durante la segunda semana de agosto, pero parece que todavía no hemos visto nada. El Fondo Monetario Internacional estima que esta cifra llegará a un millón por ciento durante el transcurso de este año, y muchos expertos creen que ese indicador sobrepasará aún más este punto y no por poco. Por mucho. La ola inflacionaria de este país, una vez rico y estable, ya es la más grande del mundo.

 

Nadie sabe cuánto va a costar una taza de café la semana próxima, para no decir el año próximo, y esta mismo incertidumbre afecta todos los aspectos de la vida cotidiana en Venezuela, tocando necesidades fundamentales — comida, agua, luz — además de café. La vida ya es casi imposible. ¿Y mañana?

Dado este nivel de duda y sufrimiento, millones de venezolanos han decidido salir de su país — un total de 2.3 millones de emigrantes desde 2015, equivalente a un siete por ciento de la población total. Según un portavoz de la Alta Comisión de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), el flujo venezolano es uno de los movimientos masivos de población más grandes en la historia de América Latina.

No parece que sea sostenible. Ahora un promedio de 4.000 refugiados venezolanos llegan a la frontera entre Colombia y Ecuador diariamente. La situación ya es tan tensa que varios países vecinos — incluyendo Ecuador y Perú — están cerrando sus puertas, ofreciendo entrada solamente a los que tienen pasaporte, a pesar del hecho que casi nadie lo tiene. El sábado, 18 de agosto, un grupo de manifestantes brasileños quemaron un campamento de refugiados en la frontera entre Brasil y Venezuela.

Mientras tanto, Maduro insiste que ahora tiene “una fórmula mágica” para resolver la crisis, una tesis que parece absurda dados los acontecimientos desastrosos de los años recientes. La oposición en su país ha anunciado una huelga general programada para el martes, 21 de agosto.

¡Que se tomen un café, los que puedan!

 

*Periodista y escritor canadiense múltiples veces galardonado. Analista de temas de geopolítica latinoamericana. Exclusivo para Correo Canadiense.