COLUMNISTA INVITADA | La lucha de
la mujer por su derecho más fundamental

MÓNICA PERCIVALE*

Mónica Percivale

No es casual que sociedades tan dispares como la irlandesa y la argentina, se hayan sacudido con la misma discusión política en cuestión de semanas.

El resultado de la opresión que nos niega a las mujeres el derecho básico de decidir sobre nuestros propios cuerpos es demasiado devastador para mantenernos inmóviles.

La despenalización del aborto es en el presente la lucha por excelencia en la defensa de los derechos mas fundamentales de la mujer. La Iglesia, ha sido abanderada en oponerse a dicho derecho, desde que acuñó como propio el término “pro- vida” para aquellos que se oponen al aborto, dejo establecido que defender poder decidir sobre nosotras mismas no es precisamente estar a favor de la vida, y que en términos de vida la de la madre no es precisamente de la que están a favor de proteger.

 

Gobiernos enteros han acatado tal prerrogativa ignorando los miles de mujeres muertas por abortos clandestinos. Pierde la vida p todo valor después del nacimiento para esos mismos gobiernos prestos a procesar y condenar a la mujer que aborta, y que se autodefinen a favor de la vida.

Criminalizar el aborto forma parte de la violencia de género y representa una violación a los derechos humanos de las mujeres. En 1994, Naciones Unidas definió la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer”. Reconociendo así que todas las formas de violencia de género constituyen violaciones a los derechos humanos de las mujeres. El concepto “violencia de género” da nombre a un problema que hasta hace muy poco formaba parte de la vida personal y era considerado asunto de familia en el que no se debía intervenir. Ese concepto no hace sino reforzar las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, fomentando la relación de dominación -subordinación. De la misma manera circunscribir la violencia solo a las formas extremas de agresión física y sexual no hace mas que poner un manto de invisibilidad y silencio sobre las demás formas de violencia y la conexión entre ellas, en el entendido que cualquier acto de discriminación, dominación, acoso y negación de la autonomía y libertades de las mujeres constituyen formas de violencia hacia ellas.

En este contexto la ilegalidad del aborto constituye una forma de violencia de género que afecta a la mujer de forma, física, mental, sexual y moral de las mujeres a la vez que le niega su derecho innato a la salud y a la vida.

Cuando abortar esta penalizado, las mujeres se enfrentan a la posibilidad certera de ser encarceladas, aun cuando el procedimiento haya sido para salvar la vida de la madre, y hasta cuando el aborto haya sido espontáneo. Esto es la reafirmación de que el control del patriarcado reinante en el mundo establece claramente que la mujer debe existir para ser para otros, en un rol de reproductoras y cuidadoras. Posición que reafirman los que sugieren la adopción como forma de lidiar con una fecundación no deseada. La perpetuación de la mujer como reproductora, ignorando el impacto físico, emocional y social que la gestación tiene en la mujer. La normativa de género tiene un impacto en la construcción y significado social de la maternidad, una vinculación mujer-madre impuesto como función biológica y social. Cuando el Estado somete a las mujeres a continuar un embarazo no deseado, o a realizarse un aborto en condiciones de ilegalidad e inseguridad esta violentando los derechos más básicos de las mujeres.

Penalizar el aborto es penalizar a la mujer en su esencia como tal, y extender esa carga a la vida sexual. El hombre no se embaraza, por ende, no entra en una relación sexual con la espada de Damocles de la posibilidad de una gestación no deseada y las consecuencias que su interrupción acarrea. El embarazo cambia trascendentalmente la vida la mujer, y ese cambio empieza en el momento mismo del intercambio sexual. Cualquier mujer en edad de procrear tiene la siempre omnipresente sombra del embarazo a la hora del acto sexual, aunque tome responsablemente todas las medidas para evitarlo. La mujer como el hombre tiene derecho al disfrute sexual pleno separado de la reproducción.

El aborto es una practica que solo tiene lugar en el cuerpo de las mujeres, ese santuario al que solo nosotras tenemos el derecho de gobernar y la humanidad entera la obligación de respetar.

*Periodista y trabajadora social uruguaya. Residente en Toronto.