COLUMNISTA INVTADO | Presidenciales en México y un diluvio que no parece cesar

OAKLAND ROSS*

 

 

Oakland Ross

Hay un dicho en inglés que dice, “It never rains, but it pours.”

En español sería algo así como que  “Nunca llueve, pero diluvia.”

En otras palabras, estamos entrando la temporada de elecciones en las Américas. Durante las próximas semanas, votantes en por lo menos tres países de América Latina van a tener la apariencia — no necesariamente la realidad — de elegir o re-elegir su presidente. Se trata de Venezuela, Colombia, y México.

En el caso venezolano, todo indica que el régimen de Nicolás Maduro va a reforzar su poder aún más. Casi todos sus oponentes han rechazado el proceso, que se desarrollará el día 20 de este mes. Los colombianos votarán el día 27, y los mexicanos el primero de julio.

En el caso mexicano, el diluvio no es de agua sino de sangre. Este año, ha habido alrededor de 3.400 posiciones de elección popular para llenar, desde la presidencia y el congreso nacional hasta un montón de puestos locales — y de ahí surge el problema.

Durante los últimos doce años, México ha experimentado una ola de violencia vinculada en gran parte con el narcotráfico. Desde el principio de 2006, cuando el ex-presidente Felipe Calderón declaró una guerra contra las drogas y desató el ejército, en el país han ocurrido por lo menos 200.000 homicidios, no todos conectados al negocio del narcotráfico, pero sí la mayoría. Ahora, la violencia está llegando cada vez más al ámbito político.

Durante los últimos días, más de 80 candidatos a cargos de elección popular  se han retirado sus aspiraciones electorales como consecuencia de la violencia, todos en el norteño estado de Chihuahua, uno de los territorios más impactados por las bandas de narcotraficantes.

Esta decisión colectiva fue tomada después de que seis políticos fueron asesinados durante un periodo de apenas diez días en el mismo estado, incluyendo  Abel Mondufar Mendoza, candidato para el congreso estatal. Fue acribillado a bala y su cuerpo fue dejado desnudo de la cintura para abajo.

Mondufar era parte del famoso PRI — el Partido de la Revolución Institucional — que ha gobernado México durante la mayoría de los años después de la revolución que terminó en la segunda década del siglo pasado. Pero no parece que los enlaces políticos interesen a los pandilleros que atacan a miembros de cualquier partido. De hecho, parece que la violencia refleja conflictos muy locales, con el propósito de intimidar a los políticos en general y de resolver rencores entre diferentes pandillas.

Se estima que un mínimo de 100 políticos o ex-políticos han sido asesinados en México desde 2006. En el muy conflictivo estado de Guerrero, más de una docena de candidatos políticos han muerto de forma violenta desde el principio del año pasado. Según un análisis hecho por la organización civil Justicia en México — y citado en Los Angeles Times — un político mexicano tiene 12 veces más probabilidad de morir violentamente que cualquier otro miembro de la población general.

Mientras que la violencia general incrementa, parece que no importa quién tiene las llaves de Los Pinos, la casa presidencial en Ciudad de México. El resultado es el mismo. Este año, el candidato presidencial con más posibilidades de ganar es el reconocido Andrés Manuel López Obrador — AMLO como se le llama por sus iniciales — un ex-alcalde izquierdista de la Ciudad de México y quien perdió la presidencia muy estrechamente en 2006 y menos estrechamente en 2012.

Ahora, AMLO parece estar al frente en la intención de voto, pero ningún candidato ha ofrecido un programa concreto para lograr la paz; ni él, ni los demás. Es muy lamentable, pero en esta temporada de votación en México parece que el diluvio seguirá.

 

*Periodista y escritor canadiense múltiples veces galardonado, analista especializado en temas latinoamericanos. Exclusivo para Correo Canadiense.