COLUMNISTA INVITADO |
Una cumbre o la cita con lo inesperado

OAKLAND ROSS*

 

Oakland Ross

Bienvenidos todos a la nueva época de lo inesperado, un período durante el cual lo que tiene más posibilidades de pasar es, en muchas ocasiones, exactamente lo que menos se espera.

 

Por ejemplo: Donald Trump sigue siendo presidente de los EEUU.

 

Otro ejemplo: Gran Bretaña está decidido a salir de la Unión Europea.

 

Ahora, la época de lo inesperado está llegando también a las múltiples costas de América Latina.

 

En la víspera de la Cumbre de las Américas — un mitin de jefes de estado que pasará este viernes y sábado en Lima — nadie podría decir que el futuro de América Latina se dé por sentado, con la posible excepción del presidente norteamericano, Donald Trump, que en el último momento decidió no asistir a la cumbre.

 

Por su parte, el presidente autoritario venezolano, Nicolás Maduro, fue “desinvitado.”

 

En cambio, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, sí ahí estará, en companía de unos 20 otros líderes nacionales de una región en condiciones muy turbulentas. Hoy en día, parece que la distancia más corta en América Latina es la ruta que corre entre el palacio nacional y la prisión.

 

Simplemente consideren el destino aparente de Luiz Inácio Lula de Silva, un hombre a quien el ex-presidente estadounidense Barack Obama una vez describió como “el político más popular del mundo.” Hace pocos días, el famoso y querido “Lula” se rindió a las autoridades brasileñas para empezar a servir una sentencia de doce años después de haber sido declarado culpable de actos de corrupción, algo que el ex-presidente niega.

 

En el momento de su encarcelación, Lula, que ya tiene 72 años, estaba muy de frente en los sondeos de opinión pública e iba a participar con inmensas posibilidades de ganar en las elecciones presidenciales que tomarán lugar en Brasil este octubre. En cambio, parece que el político más popular del mundo mirará esa fiesta cívica desde una celda pequeña en la ciudad sureña de Curitiba.

 

Hablando de ex-presidentes y cárceles, no se puede ignorar el destino inesperado de un tal Alberto Fujimori, que era presidente del Perú hasta noviembre, 2000, y que ha pasado los últimos diez u once años encarcelado por corrupción y abusos de derechos humanos. Ahora, esta libre y perdonado, gracias a un acuerdo llegado el diciembre pasado entre el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski — mejor conocido como “PPK” — y el hijo de Fujimori en un intento de rescatar la presidencia del titular.

 

Un intento inútil.

 

El mes pasado, PPK no se encontró con ninguna opción salvo renunciar  para evitar un movimiento congresista para sacarle del poder por supuestos motivos de corrupción.

 

(Vale la pena anotar que el supuesto involucramiento de gobernantes peruanos en corrupción — se trata del caso Odebrecht, una compañia brasileña de construcción que pagó bajo la mesa para ganar contratos — era mucho menos grave que el del régimen venezolano, pero Caracas todavía no ha dicho nada acerca del escándalo.)

 

De todas maneras, PPK renunció. Como consecuencia, es un tal Martín Vizcarra — el ex-embajador peruano en Ottawa — quien saludará a Trudeau y los demás líderes cuando lleguen a Lima para su cumbre regional.

 

Todavía no hemos hablado ni de Colombia, donde habrá elecciones  presidenciales el mes próximo; ni de México, donde un populista de la izquierda, que perdió en sus dos anteriores intentos de ganar la presidencia, ahora parece el favorito para capturar las llaves de Los Pinos — la residencia oficial del presidente mexicano — en elecciones este  julio.

 

Se trata de Andrés Manuel López Obrador — “AMLO” — el ex-alcalde de la Ciudad de México, un hombre que posiblemente re-emplazaría al presidente actual, Enrique Peña Nieto, y que probablemente tendrá posiciones mucho más duras y difíciles que las de ese señor en sus encuentros con su homólogo americano. En otras palabras, no será lo que la Casa Blanca esperaba.

 

Finalmente, en el asunto más urgente y doloroso que enfrenta a los líderes en Lima este fin de semana — la crisis humanitaria y política en Venezuela — probablemente no tendrá sorpresas.

 

Ni tampoco remedios.

 

*Periodista y escritor canadiense, múltiples veces galardonado. Analista de temas de geopolítica latinoamericana.