COLUMNISTA INVITADA
| Las mentiras de la guerra y la verdad de Siria

 

 

Monica Percivale*

 

 

 

 

Esta semana se cumplieron tres años de la desaparición física del historiador y escritor uruguayo Eduardo Galeano. Y coincidentemente esta misma semana asistimos a la respuesta conjunta de Estados Unidos, Francia e Inglaterra a los ataques químicos en Siria acaecidos apenas una semana antes.

 

El sinsentido cruel de bombardear para repeler el castigo inhumano del que fueron victimas inocentes los habitantes de Duma. La muerte por la asfixia generada por el agente químico que contenía el barril arrojado desde el cielo, el mismo cielo desde donde este pasado viernes comenzaron a llover misiles. Los misiles que vienen del lado de los buenos, de los que intentan unidos castigar a Rusia, y hasta al mismo Assad, no asfixian, destrozan cuerpos. La muerte es la misma no importa que bandera este detrás.

 

Eduardo Galeano decía que la guerra es una mentira, una campaña de mercadeo para vendernos la guerra como nos venden un auto. ¿Por qué Siria? La ubicación geográfica de Siria es privilegiada en la región, tiene fronteras con Turquía, Líbano, Israel, Irán, Iraq y Jordania, permitiéndose así conectar las fuentes de gas y petróleo de Medio Oriente e Irán con Europa y el resto del mundo a través del Mar Mediterráneo. La estrategia de “los cuatro mares” anunciada por Assad en 2009 consolida a Siria como paso privilegiado para el transporte de hidrocarburos entre el Mar Mediterráneo, el Caspio, el Mar Negro, y el Golfo Pérsico, dejando fuera a Estados Unidos de sus canales de control.

 

Desde 2011 la guerra que vive Siria, propiciada por Estados Unidos, entre las fuerzas opositoras y el ejército del gobierno ha cobrado más de 400 mil vidas y forzado a desplazarse a mas de 11 millones de personas. Rusia apostó al gobierno, y con su apoyo Siria logró recuperar gran parte del territorio perdido en el combate y con ello consolidarse como nación soberana en la región, y claro está que Assad no está dispuesto a perder dicha posición y los enormes beneficios económicos que tanto poder incluye. Estado Unidos por su parte justifica su permanencia en la región, los miles de ataques aéreos y el entrenamiento y equipamiento proporcionado a los rebeldes, cambiando su discurso de la inicial historia del apoyo a los opositores del gobierno hasta la lucha contra el Estado Islámico del presente.

 

Estados Unidos busca fortalecer la posición en la región de Israel, Kuwait y Arabia Saudita y terminar con el movimiento de integración de las naciones árabes (originado en Siria) para asegurarse el control geopolítico de la región, y  el control económico.

 

Hoy el 80 por ciento se la población siria, que otrora fuera líder de la región, está en la total pobreza y el país en ruinas, mientras Estados Unidos y sus aliados apoyan a los rebeldes y Rusia respalda Assad y así entre misiles y barriles químicos se les va la vida a millones de personas que no pidieron estar en medio de este conflicto -que nada tiene que ver con religión, ni con nacionalismo ni autodeterminación.

 

Parafraseando a Galeano, “Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos: matan en nombre de la paz, de la civilización, del progreso, en nombre de la democracia, y por las dudas si tanta mentira no alcanzara ahí están los medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un inmenso matadero”.

 

*Periodista y trabajadora social uruguaya, residente en Toronto.