Las imperfecciones de la democracia
Análisis inicial de los resultados de las elecciones en Colombia

 

FREDDY VELEZ/ Editor

 

 

Cuando la mayoría no vota, partidos minoritarios ganan ‘mayorías

 

Pasa en Canadá, donde acaba de elegirse a un candidato a Premier (gobernador) en la provincia de Ontario por el partido conservador aunque no tuvo la mayoría de votos -el voto popular.

 

Pasó en Estados Unidos en el caso de los colegios electorales con la elección de Donald Trump en detrimento de Hillary Clinton.
Ya acaba de pasar en las legislativas en El Salvador, donde aparentemente los votantes le dieron un ‘voto de castigo’ al gobernante partido de gobierno, el FMLN, y eso lleva a la derecha de nuevo a tener mayoría en el congreso.

 

Y pasa, como no, en países como Colombia.

Lo primero que distorsiona los resultados es el valor nulo que tiene la abstención -que llamaría más indiferencia o apatía, un proceso inconciente y no tan deliberado como el no acudir a las urnas como forma de rechazo a los candidatos y partidos.

 

Menos de la mitad de los habilitados para votar en las elecciones parlamentarias votaron ayer domingo en Colombia. Hubo un leve repunte en votantes, pero vaya a saber si fue porque la polarización actual llevó a que más gente de ambos extremos del espectro político decidiera participar -para los de derecha era importante que ‘el castro-chavismo no se tomara el Congreso’, cosa que no pasó ni estuvo cerca de pasar; y para los de izquierda, y para algunos de centro, era necesario evitar que el voto se decantara por la extrema derecha y le diera vuelo a un candidato a la presidencia por esa línea -cosa que de alguna forma terminó sucediendo.

 

Que el ganador general fue Iván Duque, ya confirmado como el candidato de la derecha y en representación del partido Centro Democrático- no hay cómo objetarlo. Pero no sorprende, pues estos partidos en todo el mundo suelen tener una base de votantes que es muy disciplinada a la hora de votar. En el caso de Colombia es además cierto que estos grupos, respaldados por los grandes conglomerados económicos, suelen tener acceso a fondos que les asegura que la logística de las elecciones les genere votos. Y si a esto se suma que volvió a surtir efecto montar una campaña basada en generar terror acerca del ‘peligro de que se le entregara el país a las Farc y al castro-chavismo’, recurso que cala en un sector del electorado con poca cultura política.

 

Lo que sorprende son tres cosas: Una, que el Centro Democrático siga siendo no un partido, sino Alvaro Uribe -el que más votos recaudó- y los que él diga. Además, que su fortaleza electoral está en una región -la paisa-, lo que indica una fractura de su propuesta a nivel nacional.

Dos, positivamente es alentador ver que Antanas Mockus haya sacado medio millón de votos para el Partido Verde -sin tener el respaldo económico de colectividades como el Centro Democrático. Puro voto de opinión. Un hombre que es díficil de ubicar en el espectro político -algunos dicen que es de derecha y otros, lo contrario. Pero un pensador, alguien que se ha ganado sus votos a base de coherencia, corrección y por su intención de unir al país. Buen respaldo para la campaña presidencial de Sergio Fajardo.

Tres, el fenómeno de Gustavo Petro, que lidiando con las divisiones de la izquierda, no sólo gana la consulta interpartidista de ese lado, sino que su estilo -polarizante, según muchos, tiene acogida entre un sector considerable del electorado. Que ese caudal sea importante no significa que pueda tener tiquete para una segunda vuelta y deberá pensar en bajarle el tono a su propuesta y al modo para negociar alianzas con los otros candidatos de centro y de izquierda.

 

Un adendo, pocos notaron un suceso histórico, el que no se hubiesen registrado atentados o hechos violentos en marco del ejercicio electoral habla de los resultados del acuerdo de paz, tan criticado por quienes buscan derribarlo al salir elegidos. Lo que si se criticó fue el papelón del ente electoral que no tuvo suficientes tarjetones para las consultas interpartidistas. Al final no hubo un efecto notorio en los resultados pero si demuestra una falencia que no debió ocurrir.

 

En resumen, comienza apenas la carrera a la presidencia en Colombia, la que definirá en mayor si Colombia ratifica la voluntad de paz expresada en el acuerdo logrados tras tres años de negociaciones con la guerrilla más antigua del mundo, o si vuelve por el camino del caudillismo de derecha que gobierno por ocho años antes de esta administración. Amanecerá y veremos, dijo un ciego -eso reza un proverbio popular colombiano.