COLUMNISTA INVITADA | El origami de
la mujer, a propósito de su día clásico

 

MONICA PERCIVALE*

Mónica Percivale

 

NR: Con ocasión del Día Internacional de la Mujer –este 8 de marzo-, Correo Canadiense ha invitado a varias plumas con nombres femeninos para que escriban en esta edición sus reflexiones desde sus perspectiva personal sobre diferentes realidades de la mujer inmigrante latina en Canadá. 

 

La palabra origami, proviene del japonés ori (doblar) y kami (papel). Así conocemos a la ancestral técnica de crear figuras tridimensionales a partir de una simple lámina de papel.

El artista dobla y desdobla el papel para crear piezas extraordinarias, dignas de admiración.

Esa es la mejor representación de la mujer, y en especial de la mujer inmigrante. Como artista de origami, nos doblamos en múltiples cortes y líneas para cumplir con todas las tareas y “profesiones” que desempeñamos a lo largo de nuestra vida.

El desafío de vivir en una sociedad nueva es aterrador para muchas y como mínimo complicado para el resto. Ese primer pliegue de lograr comunicarnos en una lengua que, aunque la hayamos aprendido de pequeñas en nuestros países de origen, nos suena a desconocida cuando la oímos en una ciudad que nos es ajena. Y así nos volvemos a doblar, para ir a trabajar, para cuidar la casa y para no dejar que la nostalgia nos quiebre en el doblez.

Nos doblamos al ser madres, con la línea mas profunda que marca mas a fondo nuestra figura, y no solo metafóricamente hablando, e intentamos reproducir lo que vivimos cuando niñas para que nuestros hijos no sientan la falta de la familia, esa de la que en muchos casos conocen solo la voz.

Entre doble y desdoble la familia que formamos también se desforma y cambia, y esa mutación nos vuelve a doblar para convertirnos en mamá y papá, y el pliegue duele y asusta, pero no podemos parar a reacomodarnos porque la vida sigue y con ella las obligaciones que más de una vez no nos dejan tiempo ni para conciliar el sueño.

Ese proceso de arte nos violenta, en la discriminación, en la agresión, en la percepción de que somos el sexo débil, inferior y por ende dependiente. Nos convence de nuestra fragilidad para que no nos resistamos. Nos vende la historia de que aspiremos a ser flores de papel tisú, delicado y fácil de moldear. Y esa misma violencia que pretende arrollarnos y convertirnos en bola de papel, nos da la fuerza para desdoblarnos para que nuestros pliegues nos transformen para la lucha brutal de defender nuestra vida. La flor se convierte en escudo y el tisú en acero si eso es necesario para protegernos.

Ser mujer es difícil tanto como hacer figuras de origami, y tan hermoso como las mismas. Lo hace hermoso la misma vida que nos dobla contra nuestra propia voluntad y arremetiendo en contra de nuestros propios planes, para dejarnos emerger, diferente si, con las pestañas de los pliegues mas marcadas y por ello más fuertes.

Ser mujer es origen, causa, principio, germen y manantial, maleables para arropar a nuestros hijos antes de dormir, duras para emprender el trabajo diario ese de la jornada doble de dentro y fuera de casa, erguidas para sobrevivir la bofetada cobarde y palpitantes a la caricia de pasión que nos dobla en la culminación de la figura del origami que elijamos ser, porque podemos ser todo lo que queramos, no lo dudemos nunca.

* Periodista y trabajadora social uruguaya, residente en Toronto.