Resoluciones de año nuevo: que no te frustren

Carlos Góngora*

Vamos a tratar en primer lugar de entender que cada día iniciamos un nuevo año de vida y que la mayoría de nosotros por cultura, creemos que emprender nuevos objetivos de desarrollo personal debe hacerse al comienzo de un año nuevo. Pero siendo honestos, ¿Cuántos de esos propósitos los has pasado de un año a otro sin haberlos intentado?

 

Muchos nos preguntamos si es necesario hacer resoluciones de año nuevo o no. Es importante que tengamos claro ¿qué estamos buscando con lo que nos proponemos?, ¿cuál es realmente nuestro objetivo?, ¿cuáles son nuestras posibilidades de alcanzarlo?, porque si la decisión, estuvo guiada por un “ideal” es muy probable que nunca alcancemos el objetivo o que ni siquiera exista dicho objetivo.

 

Lo que no es positivo es hacer propósitos inalcanzables, agotadores, nada satisfactorios, que no tienen demasiadas probabilidades de llevarse a cabo y que, si no se cumplen, pueden llevarnos a tener una sensación de fracaso que, en lugar de mejorar la visión de nosotros mismos, mine nuestra autoestima llevándonos incluso a sentimientos de profunda tristeza e irritabilidad.

 

En lugar de valorar lo que nos hemos acercado al ideal del “Yo” que había guiado nuestra intención, valoramos sólo el fracaso, es decir la no consecución del “Yo ideal” y dejamos de querernos.

 

Con frecuencia en muchos aspectos de la vida, existe una verdadera lucha. Desde la escuela, el “aguantar” a un jefe lleno de defectos, tener una pareja que hace cosas que nos desagradan o que a veces nos rompe los nervios y muchos otros momentos de la vida son difíciles.

 

Desde pequeñas crisis hasta grandes huracanes, la vida nos depara un hecho innegable: la vida es hermosa, pero no necesariamente sencilla.

 

Las cosas se pueden lograr desde la educación de la voluntad y la determinación radical de alcanzar algo si realmente te apasiona. Esto significa que debemos estar conscientes de que las circunstancias de la vida pueden conducir a posiciones insólitas, inesperadas, difíciles o que obligan a reorganizar parte de la estructura del proyecto personal.

 

El primer paso es enfocarnos, y evitar la dilación o procrastinación que es una manera en que todos nos atascamos fácilmente, y, sin embargo, es posible que no nos demos cuenta de lo que estamos haciendo. Cuando actuamos como evasivamente, creamos tácticas que nos justifican retrasar la tarea en cuestión, a veces indefinidamente.

 

En definitiva, tener presente que por muchos propósitos que nos hagamos, es muy posible que no lleguemos a ese “ideal” pero al menos, vamos a mejorar un poco algunos aspectos de nosotros mismos.

 

 

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