COLUMNISTA INVITADO / TLCAN: Nuevas negociaciones, futuro incierto

OAKLAND ROSS*

Oakland Ross

 

 

En un día gris y frio durante el invierno pasado, el ex primer ministro de Canadá, Brian Mulroney, participó en una reunión organizada por el Consejo Canadiense para las Américas, acerca de la perspectiva de una renegociación del TLCAN (el tratado de libre comercio de América del Norte), un acuerdo que ha conectado las economías de Canadá, México, y los EEUU durante los últimos 23 años.

Ahora, representantes de los tres gobiernos tienen pocos meses más para cumplir su trabajo antes de la fecha tope, y no está seguro para nada que vayan a tener éxito, como consecuencia de la falta de tiempo -entre otros obstáculos.

“Nos estamos moviendo a la velocidad de la luz,” dijo esta semana Robert Lightizer, el representante estadounidense en las pláticas, “pero no sabemos si vamos a llegar a una conclusión. Ese es el problema.”

De hecho, es uno de los múltiples problemas que enfrentan a los negociadores. El obstáculo más formidable es el mismo que complica cada aspecto de la política americana (y mundial) en estos tiempos turbulentos — el señor del pelo naranja que quiere avanzar generando rupturas. Donald Trump, por supuesto.

Ya el sorprendente presidente americano ha cancelado la participación de su gobierno en foros multilaterales como el Tratado Tras-Pacífico y el Acuerdo de París sobre cambio climático. En lo que se refiere al TLCAN, ha dicho en varias oportunidades que este acuerdo ha sido el peor tratado que hayan negociado.

“Personalmente, no creo que podamos llegar a un acuerdo,” dijo recientemente. “Los dos países han tomado tanta ventaja de nosotros— pero sobre todo México — que yo no creería posible ponernos de acuerdo. Entonces, pienso que vamos a terminar cancelando el TLCAN en algún momento”.

Este tipo de amenaza es un fenómeno bien conocido en el mundo de los negocios. Se intenta imponer desesperación en los corazones de los del otro lado. Generalmente, no se usa hasta el último momento, cuando puede servir como un golpe decisivo. Gastarlo así en los primeros momentos del proceso parece un poco torpe, según los expertos. Pero en el caso de Trump… ¿quién sabe? Quizás habla en serio. Es evidente que a él le gusta acabar cosas.

Si los intentos de renegociar el tratado no tienen éxito, es posible que EEUU sufriría los peores daños, especialmente si Canadá y México reorientan sus enlaces comerciales hacía otros mercados, sobre todo a la región Pacífica.

Tampoco no es muy evidente que EEUU  se beneficiaría tanto como resultado de un TLCAN exitosamente renegociado. La pérdida de trabajos en los EEUU depende más en factores que no tienen nada que ver con México, factores como la debilitación de los sindicatos o como nuevas tecnologías que reducen la demanda para mano de obra.

¿En que vamos a terminar — en un TLCAN renovado o en un TLCAN muerto?

Volvamos a este señor canadiense, Brian Mulroney, el ex primer ministro. Era el lidér de su país en 1987 cuando Ottawa y Washington negociaron el Tratado de Libre Comercio, un antecedente del TLCAN. Pocas horas antes de la fecha de tope, los negociadores de ambos lados estuvieron atascado en un solo punto (la solicitud canadiense de crear un mecanismo para resolver desacuerdos), y parecía que el tratado iba a caer.

De repente, Mulroney llamó a James Baker, el secretario americano de comercio, y le dijo lo siguiente: “¿Como podría ser que los EEUU puede llegar a un acuerdo de armas nucleares con su peor enemigo, la Unión Soviética, pero no puede llegar a un acuerdo de comercio con su mejor amigo, Canadá?”

Veinte minutos después, EEUU se rindió. Podría ser que algo semejante pasara esta vez — un reconocimiento final de la interdependencia de nuestros tres países. Pero, con Trump en el poder… ¿quién sabe?

 

*Galardonado periodista y escritor canadiense, especialista en temas de geopolítica latinoamericana.