OPINION Los retos del éxodo venezolano

 

CATALINA CHAUX*

Catalina Cháux

 

Colombia se ha preparado para la reintegración a la sociedad de los miembros de la guerrilla de las FARC que aceptaron acogerse a los Acuerdos de Paz, proceso de más envergadura que los ocurridos con acuerdos anteriores. Esa reintegración hacía parte de un proceso lógico, previsible, que permitía y demandada planificación y durante el cual se sabía se iban a afrontar dificultades como la aceptación por parte de algunos miembros de la comunidad, las barreras económicas, de educación, de salud y de empleo.

Para lo que Colombia no estaba preparada, era para pasar de ser uno de los países con mayor número de desplazamiento interno, desplazados al exterior, emigrantes, y solicitantes de refugio y asilo en diversos países del mundo, a ser país receptor de desplazados, refugiados e inmigrantes -especialmente de Venezuela.

Durante muchos años Venezuela fue receptor de millones de colombianos, no solo procedentes de la zona de frontera sino del interior del país, que iban en búsqueda de trabajo, de oportunidades y de condiciones mejores a las que tenían en sus localidades. Muchos de ellos cuentan hoy con su doble nacionalidad y están regresando a su país de origen, debido a la gran crisis que afronta el gobierno de Venezuela a los que se les han unidos cerca de doscientos mil venezolanos que no ven una salida inmediata a la crítica situación que vive su país. Para esto, no se habían preparado ni el gobierno ni los colombianos.

Una cosa es la promoción de turismo e inversión extranjera, pero otra muy distinta es la promoción de inmigración y Colombia no se ha caracterizado por hacerlo ni buscarlo. La recepción de migrantes es un tema complejo y son muchos los sentimientos que genera, desde el nacionalismo inusitado que lleva a la discriminación, la crítica y el rechazo, hasta aquellos que piensan que la sociedad requiere pensamientos nuevos para innovar o en este caso en particular, que se debe ser solidario con aquellos que están sufriendo una situación tan triste y dolorosa.

Dejar el país de origen no es fácil, cualquiera que sea la razón para hacerlo; menos aun para aquellos que se ven forzados a hacerlo, dejando atrás parte de su identidad, familias, amigos, trabajos, lo conocido, para llegar a afrontar lo desconocido, un entorno nuevo así sea en el mismo idioma, poniendo sus vidas en pausa o en el mejor de los eventos, reinventándose y adaptándose a las nuevas circunstancias.

Uno de los primeros sentimientos que surgen en las comunidades locales ante una migración masiva, es que los que llegan les quitan o les quitarán el trabajo. Los venezolanos y, en muchos casos los colombianos que están regresando, no le están quitando el trabajo a los colombianos. En muchos casos, al contrario, están siendo víctimas del abuso de empleadores que tomando ventaja de la situación crítica en la que se encuentran, les ofrecen salarios o condiciones que no ofrecerían en otras circunstancias. Es a ese empleador abusivo al que se debe criticar y no a quien busca trabajo. Se dice que están invadiendo; lo mismo se puede decir de cualquier oleada migratoria, incluida la colombiana en otros países. Hay temor al cambio drástico y rápido, a lo que no se tenía o se desconocía, al tener que compartir.

Se generan así varios retos. Para el gobierno que debe extender sus políticas económicas y sociales y en este caso, replantear algunas de las medidas migratorias. Para el gobierno y el sector privado el reto laboral, para lograr las condiciones estables de empleo que permitan satisfacer las demandas de trabajo no solo de quienes hacen parte de la fuerza laboral regular, como de quienes van a ser parte de la reintegración y de aquellos que se han visto forzados a migrar, para evitar así que se genere un aumento de la economía informal y del desempleo. Uno de los retos de la sociedad en general, está en el aspecto cultural. Tener sensibilidad a las circunstancias desventajosas de quienes están llegando, el evitar el enjuiciamiento y la parcialización y el entender que a través de las diferencias se pueden construir puentes que fortalezcan a las sociedades.

La crisis de Venezuela no es exclusiva de ese país, se extiende a la región afectando poblaciones mucho mas allá de sus fronteras, por lo que la comunidad internacional juega un rol fundamental.

 

* Abogada con especialización en Derecho Económico, Master en Resolución de Conflictos y Coach Profesional. cchaux@checsconsulting.com