OPINION: ¡Celebremos el Día de Canadá!

MONICA PERCIVALE*

Mónica Percivale

Este 1 de Julio marcó el 150 aniversario de la independencia de Canadá del Imperio Británico. El tema que me mueve es la celebración de tan importante aniversario, la realidad detrás de los festejos.

Canadá es un país único por muchas características, vastísimo en territorio, con escasa población, y abundantes recursos naturales, industrializado, peleando hoy en el terreno internacional por la defensa del medio ambiente, y en casa finalmente cumpliendo con la palabra empeñada en la criminalización de la discriminación de género. Un país que marca rumbo y que se posiciona como líder.

Mientras celebramos  la creación del estado, seguimos dando la espalda a los miles de niños que viven en situación de pobreza ( Canadá se ubica en el lugar 37 en una lista de 41 países tomando en cuenta acceso a comida saludable y sistemas de atención para la salud mental); a diario se incrementa el número de mujeres indígenas desaparecidas, mientras seguimos sin saber que paso con las más de mil que forman la triste lista, mientras la policía sistemáticamente da la espalda a las denuncias de los familiares. Una comisión que lleva gastada una fortuna no ha logrado avanzar un ápice en el tema.

Miramos a la historia para celebrar la independencia obtenida en 1867, sin mencionar la verdadera  historia, esa que habla de escuelas residenciales ( la última cerró en 1996) o de la política de remoción de niños indígenas de sus familias para darlos a cuidados de familias blancas iniciada en la década de los 60 (60’s scoop), ni la iniciativa de esterilización de mujeres indígenas en Alberta, o del episodio conocido como Africville en Halifax ( cientos de familias negras fueron removidas de sus hogares y trasladadas a un terreno contaminado). Ignoramos el peso y la presencia que dicha historia tiene en el presente.

Miramos al futuro, prometedor y brillante, y sin dudas lo es para los mismos a quienes la historia lo ha sido, nos cegamos con el resplandor de medidas rimbombantes de mensajes de igualdad, mientras a diario solamente en Toronto más de 200 mujeres con sus hijos que escapan a la violencia intrafamiliar no encuentran refugio y enfrentan la cruda y peligrosa realidad de volver a vivir con su pareja, o la de  aquellas que pudieron acceder a la protección, esta tiene una fecha de caducidad ( 6 semanas) y deben dejar el refugio. Mujeres que cuando consiguen trabajo aspiran en el mejor de los casos a ganar 70 céntimos por cada dólar que generan sus parejas masculinas.

Igualdad en el trabajo proclama la ley C-16, no más discrimacion por razón de genero u orientación sexual, como si eso fuera la vara mágica que nos borre los prejuicios alimentados por los principios de socialización que nos formaron desde la cuna y obligue a que la realidad sea justa de una vez y para siempre.

SI pensamos en el país como en un hogar, a nadie se le ocurre organizar una fiesta de cumpleaños cuando el agua que sale de la canilla está contaminada, cuando no hay comida, se duerme en el suelo, de una casa en ruinas y nuestras madres, hermanas o hijas no han regresado a casa sanas y salvas.

Festejemos si, cuando todos podamos hacerlo, mientras tanto luchemos desde nuestro lugar para que ese festejo sea posible, eduquémonos, no compremos la propaganda, reclamemos a los representantes que nosotros mismos elegimos la acción que la investidura les obliga. Hagamos de Canadá el país al que emigramos.

 

* Periodista y trabajadora social uruguaya-canadiense, residente en Toronto