150 años de la Confederación Canadiense:
Reflexiones de un latinoamericano canadiense 

Carlos Bucio Borja.

CARLOS BUCIO BORJA*

Canadá —una gran nación de naciones

Este 1 de julio Canadá celebró el 150 aniversario de su fundación como confederación, cuando las provincias británicas de Canadá —Alta y Baja Canadá, las actuales Ontario y Québec—, Nueva Escocia y Nueva Brunswick decidieron constituirse como el Dominio de Canadá.

El documento fundacional de la Confederación Canadiense fue el Acta de Constitución del 1 de julio de 1867 —otrora llamada el Acta de la América del Norte Británica—, y tuvo posteriormente varias adhesiones y enmiendas hasta 1998, incluida la Carta Canadiense de Derechos y Libertades  de 1982. Dichas revisiones constitucionales respondían a nuevas adhesiones provinciales (la Provincia de Manitoba en 1970, la Provincia de la Colombia Británica en 1871, la Provincia del Príncipe Edward en 1873, las Provincias de Saskatchewan y Alberta en 1905, y la Provincia de Terranova y Labrador —Newfoundland and Labrador— en 1949). A su vez, mientras estas adhesiones respondían a una visión estratégica de las noveles provincias canadienses en aras de insertarse a una confederación bastante descentralizada en el contexto de una pujante economía capitalista, las enmiendas constitucionales deben de ser vistas —en general— como esfuerzos políticos orientados a dotarle de mayor autonomía a la federación canadiense respecto a la corona británica.

A pesar de este 150 aniversario, los simientes de la nación canadiense se remontan mucho más atrás, con sus primeros asentamientos humanos, quizás hace unos 24 mil años, según recientes informes científicos, probablemente los primeros del continente americano. Como todos los estados americanos, Canadá tiene una configuración de identidad remota y dinámica, cuyos orígenes se remontan a la transformación de las culturas paleo-indígenas en las Primeras Naciones de Canadá: iroqueses, inuit, los pueblos de los bosques del interior, los pueblos de las praderas, los pueblos del altiplano occidental, los pueblos de la costa pacífica, y los de las cuencas de los ríos Mackenzie y Yukón.

La Confederación Canadiense debe entenderse también como un proyecto colonial modernizador en el contexto del desarrollo capitalista de Gran Bretaña y Canadá, al tiempo que la búsqueda de las dos naciones coloniales fundacionales del estado canadiense moderno —la británica y la francesa— de afirmar una nueva identidad nacional.

A través de su historia, Canadá ha desarrollado diferentes caracteres o sentidos de nación. Estos sentidos de nación han sido configurados por el majestuoso, pero agreste paisaje canadiense: la enormidad de su zona ártica, sus grandes tundras, estepas y praderas, la costa atlántica, los Grandes Lagos. Estos sentidos de nación evolucionaron a partir de las Primeras Naciones, los emprendedores europeos, las diferentes oleadas migratorias y las dos guerras mundiales, en las cuales Canadá ofrendó decenas de miles de héroes.

En el caso del componente latinoamericano canadiense, el mayor flujo migratorio fue impulsado por la injusticia social, la ausencia de democracias funcionales en nuestras naciones de origen, y los estallidos sociales y políticos producidos por dichas ausencias. Estos eventos nos motivaron a convertirnos en nuevos exploradores, refugiados y emprendedores; y en tales procesos re-inventarnos como trabajadores, estudiantes, artistas, escritores, intelectuales, activistas políticos y empresarios.

Canadá es una gran nación de naciones, de la cual hoy somos parte. Hoy, las fronteras de América Latina trascienden el Río Grande, y sumándose a la comunidad quebequense, llegan hasta Canadá. Tanto Canadá como sus poblaciones y naciones «minoritarias» enfrentamos grandes retos. Los latinoamericanos debemos de imbuir a esta joven nación —más joven que la mayoría de nuestras repúblicas latinoamericanas— con lo mejor de nuestras energías y nuestro gran acervo cultural.

 

* Escritor y analista salvadoreño-canadiense, radicado en Toronto.