TRUMP: Su primera misión,
internacional, crónica de un desastre anunciado

PASTOR VALLE-GARAY*

Pastor Valle-Garay

 
Este fin de semana Donald J. Trump, Presidente de los Estados Unidos, emprenderá su primera misión internacional al exterior. Viajará a Arabia Saudí, Israel, al Vaticano, a la reunión Cumbre de la OTAN en Bruselas y a la reunión de las naciones del G7 en Italia. ¡Buena suerte!

La va a necesitar. No es cualquiera el que inicia su Presidencia visitando tres naciones de tan diferentes raíces religiosas: la musulmana en Arabia Saudí, la católica en el Vaticano y la judía en Israel. Pero Trump está bañado más de teflón que de inteligencia. Oficialmente se reunirá con líderes religiosos a quienes él, personalmente o a través de sus consejeros en la Casa Blanca, han denigrado, atacado o menospreciado.

Su intento de prohibir la entrada de musulmanes a los Estados Unidos por considerarles terroristas no le ha hecho amigos en los países árabes. Tampoco han sido muy amistoso sus ataques al Papa Francisco quien al oponerse a la construcción de la muralla entre México y los Estados Unidos ripostó que “una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano. Esto no está en Evangelio”, expresó el Santo Padre. Añadiendo después que daría “el beneficio de la duda” al entonces candidato.

Por otra parte, los virulentos sentimientos anti-semitas entre sus consejeros en la Casa Blanca se discuten tanto en Washington como en los medios de comunicación. De forma similar Trump ha cazado líos con la OTAN al señalar erróneamente que la OTAN le debe dinero a los Estados Unidos y que en último caso es una organización obsoleta.

En todos estos países Trump compartirá discursos e intercambiará impresiones con dirigentes de alto nivel diplomático, político, económico y religioso, con individuos sumamente experimentados en el manejo de asuntos diplomáticos, políticos y religiosos. Una metida de pata de Trump dejaría a los Estados Unidos por el suelo. A menos que sus asesores controlen las palabras del Presidente, la gira internacional se convertiría en un desastre anunciado.

Como bien se sabe, el discurso de Trump se caracteriza por la espontaneidad de sus barrabasadas y estupideces. Este señor no sabe medir su lengua ni sabe leer los discursos preparados de antemano por sus asesores. A cualquier momento es capaz de decir cosas absurdas que confirmarían de una vez por todas cuán ignorante es el presidente de los Estados Unidos. De repetir las sandeces que lo caracterizan en su tierra, donde Trump ya se encuentra firmemente establecido como el indiscutible hazmerreír de los círculos políticos de esa nación, el flamante presidente ganaría nueva fama internacional como un petulante matón de barrio con injustificadas pretensiones a estadista.

Es verdaderamente lamentable que en un mundo al borde de una crisis global económica y militar pierda con Trump la oportunidad de mejorar la condición humana.

* Analista político, Senior Scholar de la Universidad de York.