LA COLUMNA DE OAKLAND ROSS:
El nuevo TLCAN y el optimismo de México y Canadá

 

Oakland Ross.

OAKLAND ROSS*

 

Hay una analogía a veces utilizada para describir el proceso de escribir historias de ficción. Se llama El Valle Lleno de Nubes y funciona así:

Usted, el escritor, está parado en la cumbre de una montaña frente a un valle lleno de nubes. Mirando a la distancia, se puede entrever una alta cresta en el otro lado del valle — su destino previsto —, pero no se puede ver nada más como consecuencia de las densas nubes que oscurecen el valle mismo.

Es su deber descender por el valle para vagar por entre la niebla hasta que su cuento llegue a su fin, en la cresta al otro lado del valle o en el valle mismo. El fin podría ser feliz o triste, pero no se sabrá hasta ese momento, como consecuencia de tanta niebla.

En estos días turbulentos, se puede aplicar una analogía semejante a lo que viven los gobiernos de Canadá y México mientras esperan conocer sus destinos en la era de Donald Trump. Ambos gobiernos saben a dónde quieren llegar en unos años — a esa cresta distante, un lugar de bajo desempleo y prosperidad general.

Desafortunadamente, igual es probable que serán emboscados por un presidente americano con pelo naranja que está determinado a Hacer América Grande de Nuevo (“Make America Great Again”), y quien no le preocupan necesariamente por los países que se afecten en el proceso.

Brian Mulroney, ex primer ministro canadiense. Fotos: F. Velez / Correo Canadiense.

Representantes de Canadá y México se reunieron en un salón lleno en Toronto esta semana para conversar acerca de las nubladas perspectivas que se extienden por delante de ambos países. También participó en la charla el ex primer ministro canadiense Brian Mulroney, uno de los arquitectos originales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en rigor en 1994.

Muchos coinciden en que el tratado ha sido de gran beneficio para los tres países, quizás más para México. Sin embargo, Trump ha dicho que el TLCAN es una “catástrofe” para su país y ha declarado que lo quiere deshacer.

Como parece normal con Trump, es casi imposible predecir cuán lejos intenta llegar con esa amenaza. Pero es justo decir que Canadá y México — quizás más México — tienen un interés enorme en el asunto.

“Ustedes todos saben ahora que el gobierno mexicano y el gobierno estadounidense tienen abiertas diferencias,” dijo en Toronto el canciller mexicano Luis Videgaray Caso este martes.

A pesar de esas diferencias — que en su mayoría tienen que ver con ese “muro lindo” que Trump amenaza construir en la frontera entre México y los Estados Unidos — Videgaray y su homólogo canadiense, Chrystia Freeland, parecen estar adoptando para sus países una visión optimista de las perspectivas de comercio e inversión durante el tiempo de Trump.

“La gente no debe perder consciencia de la cercanía y la estrechez de esta relación,” dijo Videgaray. “Vamos a resolverla.”

Por su lado, Freeland anotó que el TLCAN ya ha sido ajustado once veces en sus 23 años de existencia. ¿Por qué no una vez más?

“Veo reales oportunidades para tener una colaboración más fuerte, más estrecha”, dijo.

Sin embargo, no es muy evidente que “una colaboración más fuerte, más estrecha” con sus vecinos continentales es exactamente lo que Trump tiene en la mente cuando se refiere al TLCAN como “el peor tratado de comercio quizás nunca antes hecho” (“the worst trade deal maybe ever”).

Quizás lo dijo en serio. Quizás no. O, como Mulroney, el ex primer ministro canadiense predijo en Toronto, quizás Trump simplemente cambiará su opinión.

Desafortunadamente, la repuesta está en algún oscuro lugar ubicado profundamente en el valle lleno de nubes, y todavía nadie lo sabe — quizás ni el mismo Trump.

 

*Galardonado periodista y escritor canadiense, especialista en temas de Latinoamérica. Ross vive en Toronto y escribe en exclusiva para Correo Canadiense.