DESARROLLO PERSONAL: Cheveridad e
inteligencia emocional en ser auténtico

 

JASSEL ARZUZA*

Jassel Arzuza.

En estos días de pre-carnaval en tierras lejanas (aquí “no hay de eso”), llegan a mi mente colores vivos, algarabía, movimientos libres, palabras auténticas, espontáneas de una cultura caribe que recuerdo y que, algunas veces, debo decirlo, tampoco es tan sincera como parece.

El vivir en culturas diferentes que no cuentan con ese desenfado y franqueza, que, de niña, me parecía natural, me ha hecho cuestionar y estudiar los efectos de ser auténticos, especialmente en inteligencia emocional y relaciones entre niños y jóvenes.

Encontré cómo la cultura del “tú di que sí a todo, como si estuvieras de acuerdo con eso aunque no te parezca; si no, dirán que eres el diferente y te aíslan”, “te lo comes, ni una palabra; que vean que eres educado”, “calladito te ves más bonito”, “si quieres ser popular, tener amigos, nunca digas tu opinión, menos si es diferente a la de tus amigos”, genera, entre otras, inseguridad y poca asertividad en niños y jóvenes criados así.

Adicionalmente, contrario a lo pensado, produce en los amigos una imagen de desconfianza y poco cariño. Ellos dicen: “es que no sé si de verdad piensa como yo, o, sólo lo dice por quedar bien”, “es como hipócrita, no quiero que ande conmigo”, “nunca pelea ni se molesta, eso es raro”, “todo le parece bien y le gusta, no parece que fuera uno de nosotros, es como un grande en el cuerpo de un chiquito”.

Y, evidentemente, ningún estudio recomienda que el padre haga lo que los deseos y ego del niño comanden, no. Hay normas sociales a aprender y a las que ajustarnos y adaptarnos para convivir en armonía con el otro, pero el reprimir opiniones, sentimientos y acciones relacionadas con el desarrollo libre de personalidad, que no afectan o dañan al otro, sólo por apariencias o posturas sociales represoras, tiene efectos nefastos en el desarrollo psicosocial. Luego, son adultos “sin personalidad” o “tímidos” que necesitan permiso de todos para decidir su vida, cero empoderados, cero ellos.

Por ello, fomentemos la autenticidad, respetemos la opinión de nuestros niños y permitamos la formación de su personalidad. En lugar de pretender que sean “obedientes”, “formales”, enseñemos a comportarse en sociedad basados en valores desde la empatía y el respeto a las diferentes formas de expresión y opinión.

*Psicóloga y Coach online, Master en Neurociencias, certificada en Inteligencia Emocional. www.jasselarzuza.com