COLUMNISTA INVITADO- Colombia: El posible final de la barbarie

Luis Alberto Mata.

Luis Alberto Mata.

LUIS ALBERTO MATTA*

El 26 de septiembre comenzó un capitulo inédito en la convulsionada historia de Colombia. Dos nombres quedarán en la memoria como firmantes de un avanzado acuerdo de paz, justo en una época de guerras en muy diversos lugares del planeta: Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, y Timoleón Jiménez – Timochenko, comandante en jefe de las FARC-EP fueron los elegidos para consagrar, a mi juicio, el más bello y esperado momento de la inmensa mayoría de los colombianos: la terminación de la guerra y el consecuente inicio de la construcción de una paz estable y duradera.

 

Testigos de excepción fueron el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon, 17 presidentes y 29 cancilleres, entre ellos el secretario del departamento Estado de EE.UU. John Kerry, Chile y Noruega como garantes, y a destacar el papel de Cuba, que en los 60s de la pasada centuria animaba los alzamientos armados en América Latina, y ahora no solo fue la sede segura y discreta de los complicados diálogos de paz, sino que jugó un rol estelar en la facilitación, particularmente de Raúl Castro, cuya autoridad tuvo eco mediador en las partes enfrentadas. Igualmente el presidente Maduro de Venezuela país acompañante del proceso, en honor al ya fallecido Hugo Chávez que se la jugó toda por la paz de Colombia.

 

El primer paso, crucial y decisivo, ha sido el silenciamiento de los fusiles a partir del cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo, con dejación de armas en poder de la ONU. El fin del conflicto ha de consolidarse a partir de un proyecto esperanzador que incluye una reforma agraria integral con planes de desarrollo, escuelas, hospitales, vías de comunicación, fondo de tierras y titulación de predios cultivados. Oportunidad de participación política con apertura democrática a otras fuerzas incluyendo el nuevo partido que funden las FARC; el alzamiento armado y fundación de esta guerrilla en 1964 fue causa de la pobreza e injusticia, sumado a la inequidad política, la violencia del poder y la democracia restringida. Se ha acordado trabajar conjuntamente en la solución al problema de las drogas ilícitas, y principalmente dar un viraje en el tratamiento de este fenómeno. Otro eje central ha sido el acuerdo sobre las víctimas del conflicto con la creación de un sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición, y el sometimiento de los guerrilleros a un modelo de justicia transicional aceptado por la ONU y la Corte Penal Internacional. Se acordó garantías de seguridad para los desmovilizados y las comunidades con el desmonte del fenómeno paramilitar. Ha sido establecida igualmente una hoja de ruta para la verificación, implementación y refrendación de estos acuerdos.

 

Este último punto marca una diferencia con otros acuerdos de paz en el mundo. El pueblo colombiano tiene entonces la oportunidad de refrendar los acuerdos, y autorizar o desautorizar al gobierno, para que lleve a cabo o no las reformas propuestas en el acuerdo con las FARC.

 

Es así como el próximo 2 de octubre en un plebiscito Colombia le dirá Sí o No al acuerdo. Como dije en una intervención pública, la más bella de mis ilusiones es que gane arrasadoramente el Sí, porque de esta manera se podrá confrontar de manera pacífica a los violentos que se empecinan en que siga la guerra. 267,162 muertos y 8 millones de víctimas, que incluye 57,265 desaparecidos es ya suficiente barbarie!

* Escritor, trabajador comunitario, colombiano radicado en Oshawa, Ontario.